Podría tratarse de un invento salido de una novela de Julio Verne. Pero es una realidad. Las impresoras 3D crean ropa, prótesis de rostro y hasta comida. Sus usos son cada vez más variados e impresionantes. ¿Existe un límite?
"Lo que no se puede hacer es aquello que no se haya pensado", señala Óscar Aguirre, ingeniero industrial y director académico de la Escuela de Diseño de la Universidad ORT.
Esa institución inauguró ayer un laboratorio de prototipado 3D donde impresoras 3D y otras máquinas asociadas a esta tecnología pueden ser utilizadas por docentes, estudiantes e investigadores para seguir pensando nuevos usos.
"Es que los procesos de desarrollo de la tecnología van en dos líneas", explica Aguirre. "Por un lado, nuevos inventos para procesos que ya se conocen, y por otro, procesos más creativos donde los inventos ya existentes se adapten a nuevas aplicaciones"